
El queso es una de las pasiones de los niños. Los hay que lo prefieren más suave, otros quieren sabores más potentes. A unos les gusta crudo, a otros cremoso y derretido en algún plato. Pero al que le gusta el queso, le gusta.
La receta del camembert frito, aunque de origen francés, se ha hecho un clásico en los bares y restaurantes españoles, y en casa también podemos disfrutar de esta receta tan fácil y rápida que nos puede servir bien como aperitivo (acompañado de mermelada), bien como parte de una ensalada o bien como guarnición.
Para hacerlo, tienes que cortar el camembert en triángulos lo suficientemente pequeños como para comerlos en dos bocados. A continuación, los pasas por harina, después por huevo batido y luego por pan rallado. Este tipo de rebozado hará que el queso se selle bien y no se derrita al contacto con el calor. Si quieres asegurarte aún más de que no se derretirá, rebózalo doblemente. A continuación fríe el queso en abundante aceite a fuego moderado, vuelta y vuelta durante un par de minutos.
Imagen: Cranberries-usa




Algunos habéis preguntado si es necesario eliminar o no la corteza del Camembert. La verdad que es opcional, ya que la corteza es comestible. El dejarle la corteza ayuda a dar firmeza al queso y a que no se derrita. Si preferís quitársela, procurad que el rebozado sea más grueso.
Seguramente a los niños les guste más sin corteza.