Patatas fritas en su punto, crujientes y tiernas a la vez

Las patatas fritas es uno de los platos reyes de la cocina para niños. Ese sabor delicado y salado, el toque crujiente, el poder comerlas con las manos y el hecho de que se acompañen con alguna salsa como el ketchup hacen que pocos niños no se vuelvan locos por las patatas fritas.

Las patatas fritas como guarnición suelen hacer más atractivos los platos a los que acompañan, como la carne, el pescado o incluso algunas verduras, sean a la plancha, en salsa o rebozados.

Aunque parezca que no, unas buenas patatas fritas requieren un saber hacer en todo el proceso de la receta, que va desde el corte hasta el emplatado. En este post os vamos a enseñar unos truquillos para que seáis los reyes de las patatas fritas.

Para empezar, las patatas hay que pelarlas y lavarlas. Se recomienda lavarlas con piel para eliminar la tierra antes de pelarlas, ya que así las lavaremos menos una vez que estén peladas. A la hora de pelarlas no hay necesidad de llevarnos media patata junto a la piel. Un pelador de patatas o un cuchillo afilado sin dientes te harán más fácil la tarea de quitarles la piel.

Ahora toca cortarlas. Podemos darle el corte que prefiramos, ya sea a rodajas, en bastones o en tacos. Pero lo que sí hay que cuidar es que no sean muy gruesas y que todas los gajos de patata tengan el mismo tamaño, para evitar que unas salgan más crudas o más fritas que las otras.

A continuación se aconseja lavarlas bien y dejarlas a remojo una media hora en agua fría para que suelten el almidón y estén más sueltas en el aceite cuando se frían y salgan más duritas. Por último, conviene escurrirlas y secarlas muy bien antes de freírlas. Podemos hacerlo con la centrifugadora de verduras o papel de cocina. Si las dejamos secar al aire pueden comenzar a ennegrecerse.

Ahora viene el proceso de cocinarlas, es decir freírlas. Utilizaremos un sartén honda o freidora con suficiente capacidad como para que el aceite sea abundante y las patatas no se apelmacen. Dejamos calentar el aceite de oliva a unos 150 grados. Ponemos entonces la patatas poco a poco en el aceite caliente y las freímos hasta que estén doraditas, siempre removiéndolas de vez en cuando para evitar que se peguen entre ellas. Esta es la primera fritura, que permitirá que las patatas se enternezcan y se doren ligeramente.

Pero para darle el punto crujiente, es necesario una segunda fritura a una mayor temperatura, unos 190 grados. Para ello, sacamos las patatas del aceite y dejamos que se caliente hasta esta temperatura, momento en el que volvemos a volcar las patatas para freírlas unos pocos minutos para que se doren un poco más y se queden bien crujientes por fuera pero tiernas por dentro.

El toque final, pero no menos importante, es el escurrido. Las dejamos escurrir unos minutos y las espolvoreamos con sal. Es importante que la sal se la añadamos al final, ya que hacerlo al freírlas hará que suelten agua en el aceite y saldrán menos crujientes.

Vamos a probar a hacer unas patatas fritas así y a ver qué tal… Los niños son el jurado.

Imagen: Nutricion, Goodhousekeeping


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