Disfrutando las verduras de otoño (IV). Coles de Bruselas

Disfrutando las verduras de otoño (IV). Coles de Bruselas

Cerramos la serie de post sobre verduras de otoño con una hortaliza muy particular, las coles de Bruselas. Presentar un plato de coles de Bruselas puede sorprender a los niños que no han visto nunca una verdurita tan pequeña. Sin embargo, su intenso aroma, su toque amargo, acompañado de la poca costumbre que tienen de consumirlas, hacen que en la mayoría de las ocasiones las rechacen. Veremos qué podemos hacer.

Estas pequeñas coles proceden de la zona europea que ocupa el norte de Francia y Bélgica, de ahí su nombre. De hecho, su cultivo hoy día se extiende casi en su mayoría a Europa. Aunque las coles de Bruselas están disponibles el año entero, su presencia en el mercado es de mayor cantidad y calidad en los meses de otoño y principios de invierno. Las podemos encontrar envasadas frescas, congeladas, en conserva y habitualmente en menestras.

Al comprar las coles de Bruselas, se han de seleccionar los repollitos de color verde intenso y brillante, compactos, redondos y con las cabezas lisas, bien apretadas y pesadas para su tamaño. Se conservan en el frigorífico una semana, mejor sin lavar y dentro de una bolsa de plástico perforada. También se pueden congelar enteras, hervidas con anterioridad durante tres o cinco minutos.

Entre sus propiedades nutricionales destacan entre las verduras de su familia (crucíferas, entre las que están las coles, coliflor, brócoli, nabo, rábano…) por su mayor contenido en hidratos de carbono, proteína, agua y vitamina C. Son una fuente interesante de folatos, beta-caroteno y vitaminas del grupo B (B1, B2, B3 y B6). Entre los minerales destaca la presencia de potasio, fósforo, yodo, zinc, magnesio y sodio. También es elevado su contenido en fibra. Las coles también son ricas en ácido cítrico, que potencia la acción beneficiosa de la vitamina C.

coles rehogadas

A la hora de llevar las verduras a la mesa, es cierto que tampoco hay que ser rotundos y pretender que a los niños les gusten todas las verduras, aunque sí es necesario desde el punto de vista nutricional que haya variedad de estos alimentos en la dieta. Así, resulta aconsejable incluir las coles de Bruselas u otras verduras de su misma familia (las crucíferas, como la coliflor, col o brócoli) con la que comparten similitud de sustancias en su composición, dado el papel que juegan en la alimentación y salud debido a sus propiedades.

La forma más rápida de tomar las coles de Bruselas es hervidas y rehogadas con trozos de jamón o bacon, pero si esta opción les parece a los niños demasiado simple o poco agradable al gusto habrá que pensar en otras recetas sencillas que suavicen el marcado sabor y aroma de las coles. Se nos ocurre que pueden atraerle unas coles cubiertas de salsa bechamel, de almendras o de un queso aromático como el roquefort y gratinadas al horno. Rebozadas y en brochetas junto a otras verduras puede ser un plato más apetitoso. Combinan también en guarniciones de marisco y pescado. Haciéndolas invisibles, su profundo sabor aromatiza puddings, pasteles y purés de verduras.

Imagen: Photobucket
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