La importancia del desayuno

El desayuno ha sido tradicionalmente en nuestro país una comida ligera. Es algo que aún hemos ido heredando generación tras generación. Si a eso añadimos que hay muchos niños y personas mayores que no se levantan con muchas ganas de comer, el desayuno se ve prácticamente reducido a un vaso de leche enriquecida con cacao y unos pocos cereales. Yo recuerdo que antes de ir al cole era sólo eso lo que tomaba, y además lo hacía de pie y a prisa y corriendo. Ya se sabe que uno no se levanta con mucho tiempo de sobra antes de irse al cole.

Ese mal hábito alimentario debe de ser cambiado desde ya y hay que empezar a acostumbrar a los niños a ir bien desayunados a la escuela. El desayuno debe suponer entre el 20 y el 25% de las calorías ingeridas a lo largo del día. Para que sea equilibrado, deben estar representados como mínimo los siguientes grupos de alimentos: lácteos (leche, yogur, cuajada, requesón…), frutas y cereales (pan, tostadas, cereales de desayuno, galletas…). Aparte de estos, también pueden participar otros alimentos, como derivados cárnicos y dulces, en cantidades moderadas.

Muchas veces nos amparamos en que los niños toman el bocadillo del recreo, pero ese bocadillo llega ya a mediodía, y mientras tanto el organismo ha estado casi tres horas en ayunas desde que se tomó ese mini desayuno y el niño ha tenido que estar rindiendo en clase ese tiempo.

Las consecuencias de saltarse el desayuno pueden ser tanto físicas como psíquicas. No es recomendable que los niños asistan a clase con decaimiento, falta de concentración y mal humor, debido al déficit de glucosa que produce el ayuno. Hay que recordar de nuevo que a primera hora de la mañana el organismo lleva ya entre 8 y 10 horas sin recibir ningún alimento. La falta de glucosa empuja a nuestro cuerpo a quemar otras reservas energéticas, lo que causa múltiples alteraciones en el normal funcionamiento orgánico. En edades escolares, esto condiciona el aprendizaje y acarrea un descenso del rendimiento, ya que la capacidad de locución o expresión, de memoria, de creatividad y de resolución de problemas quedan particularmente afectadas.

Huyendo de lo negativo, veamos los beneficios que presenta el ingerir un buen desayuno equilibrado. En general, un desayuno equilibrado contribuye a un reparto más armónico de las calorías a lo largo del día y proporciona, además, una ración de seguridad de muchos nutrientes especialmente importantes en el periodo escolar, época de gran crecimiento y desarrollo. Las personas que no desayunan suelen seguir una dieta de peor calidad, mientras que quienes lo hacen, suelen hacer una dieta menos grasa y más rica en fibra, vitaminas y minerales.

Es más, si el desayuno incluye una importante fuente de hidratos de carbono como tostadas, pan, cereales de desayuno, galletas sencillas, etc., el consumo diario de grasa es menor. El consumo de estos alimentos contribuye a aumentar los aportes calóricos realizados a partir de los hidratos de carbono, reemplazando otros con mayor contenido graso que se tomarían a lo largo del día.

Los niños que desayunan mantienen el peso dentro de límites saludables en mayor medida que las que omiten esta ración. El hecho de repartir las calorías durante el día en 4 ó 5 comidas, ayuda a que no se sobrecargue ninguna de ellas. Esto también contribuye a evitar picar entre horas (snacks, golosinas, bollería y otros dulces, refrescos, etc.), factor muy importante a la hora de controlar el peso.

Esperemos que nos hayamos convencido un poco más de lo que significa desayunar y que poco a poco tenemos que hacer tiempo y ganas para adquirir este saludable hábito cada mañana que, aunque hay que hacerlo casi con los ojos pegados, es muy saludable.

Vía: Alimentación sana
Imagen: Cuidado infantil

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