La sopa: nutritiva y reconfortante

A estas alturas del año, el frío irá arreciando cada vez más. De hecho ya lo estamos notando del norte al sur de nuestro país. Y qué mejor remedio para entrar en calor que una buena sopa.

La sopa fue una de las recetas más generalizadas en la Prehistoria en el continente europeo. El desarrollo de la cerámica y los útiles de cocina permitió cocer alimentos de diversa índole en agua e ir perfeccionando estas combinaciones con el fin de que aportaran energía y tonificaran y reconfortaran el cuerpo, preparándolo para los duros trabajos físicos de la época. Desde estos caldos primarios hasta los resultados de las ollas a presión de nuestros días, la sopa se ha ido desarrollando y enriqueciendo entre la cultura y las necesidades de cada pueblo y de cada época.

Pero si recordamos a Mafalda, podremos pensar en el tópico de que la sopa es odiada por muchos niños. Nosotros creemos que no es así. La sopa es una preparación tan versátil, que admite tantos alimentos, que es casi imposible que no guste a los niños en una u otra variante.

La base de la sopa es el agua. Por tanto es ideal como fuente de hidratación para aquellos niños más reacios a beber agua. Y como hemos dicho, su versatilidad se debe a que permite cocinar juntas varias materias primas vegetales y animales, y la adición de sal, condimentos y especias que, en corta proporción, enriquecen su sabor.

Ni que decir tiene que la sopa echa en casa es mucho más sana y nutritiva que la de sobre, más rica en grasas, sal e ingredientes artificiales. Si bien el ritmo de vida actual no nos permite elaborar sopas caseras a diario, lo que podemos hacer es una buena olla de caldo base de carne, pescado o verduras y congelarlo.

La sopa es una cocción por expansión, es decir, los componentes químicos tienden a difundirse, y a fusionarse, desde el propio alimento hacia el líquido que le rodea. Por tanto, el secreto para cocinar una buena sopa está en tener en cuenta la cantidad de agua, pues ésta delimitará las correctas proporciones hacia los ingredientes del caldo base y los posteriores que se añadirán para enriquecerla.

powerpuffmont_g

Respecto a su valor nutricional, hay que tener en cuenta que el caldo en sí, a pesar de tener gran sabor, no es muy nutritivo. Las proteínas de los ingredientes animales se coagulan con el calor y no se disuelven en el agua; las vitaminas se pierden en gran medida con las altas temperaturas y el tiempo de cocción, y quedan sólo las grasas (que se suelen retirar para hacer la sopa más clara y transparente) y algunos minerales.

Así, los ingredientes que otorgan fundamento al caldo básico y lo convierten en una sopa nutricionalmente más completa son el pan, divertidas pastas o el arroz, los vegetales, legumbres o trocitos de carne, pescado y marisco. Dicho todo esto, podemos concluir en que hacer una sopa es divertido. Se trata por tanto de hacer “un brebaje” con un color agradable, un olor apetitoso, buen sabor, temperatura adecuada, la consistencia correcta, un buen equilibrio entre los alimentos y un tiempo considerable para asegurarnos el éxito de la sopa. O sea, que tenemos para elegir según los gustos de los niños entre todo el abanico de alimentos. Desde Recetín, ya os iremos dando ideas.

Imagen: La dieta de la comida real
Meloncorp

Recibe las mejores recetas para niños en tu email
No te pierdas nuestras nuevas recetas y recíbelas directamente en tu correo electrónico. ¡Suscríbete a Recetín!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *