Nata montada con sabores, ¿sola o acompañada?

La nata montada, irresistible. Cremosa, esponjosa, suave, azucarada, fresca… Lo ideal es que esté hecha a modo casero, es decir, con nata fresca especial para ser montada (35% materia grasa) con varillas y un poco de azúcar. No podemos comparar esas natas de spray insípidas y que se vienen abajo en un minuto con la nata casera.

En Recetín ya os dijimos algunos truquillos para hacer una buena nata montada. Básicamente se trata de elegir una nata de calidad y apta para montar, no para cocinar porque tienen menos grasa. Además debe estar bien fría, por lo que se recomienda meterla un rato en el congelador antes de montarla. Y una vez que empezamos a batir con las varillas, no debemos parar. El azúcar empezaremos a echárselo una vez que la nata empiece a tomar consistencia según la vamos batiendo.

Una vez que sabemos cómo montar la nata, la podemos enriquecer con aromas diferentes según el gusto de los pequeños. Especias como la canela, la vainilla o el anís le vienen de perlas. Se nos ocurre también añadirle coco rallado si queremos acompañarla con un postre de frutas tropicales. ¿Qué tal si le damos unas notas cítricas con ralladuras de limón o naranja e incluso con agua de azahar? También os recomendamos espolvorearle unas hierbas frescas picadas como la menta.

El cacao en polvo, el café o algunos polvos de frutas deshidratadas o frutos secos picados también consiguen convertir a la nata montada en un acompañamiento más especial para tus postres. Y el toque más glamouroso y romántico se lo pueden dar unos pétalos de flores, que también se comen. Sola o como acompañamiento, estas natas con sabor están deliciosas.

Imagen: Conventodebelmonte, Tucocinafacil

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