Polenta, más buena acompañada

La polenta es una masa de harina cocida, generalmente de maíz (polenta gialla o amarilla), propia del norte de Italia, aunque su uso se ha difundido por varios países del mundo, ya que el maíz es unos de los reyes de los cereales. De textura pastosa y consistente, la polenta se suele servir como guarnición o acompañada de ingredientes como las verduras o los guisos.

Simplemente cocida se puede tomar, pero a mi me encanta doradita en el horno o en la sartén, o incluso frita. La costra crujiente que se le forma y su sabor a tostado es genial, al morderla ya te encuentras también la ternura de su interior.

Vamos a hacer la receta básica con agua, harina y sal, ¿pero quién nos dice que no podamos añadirle especias?

Ingredientes: 1 litro de agua mineral, 500 gr. de harina de maíz amarilla (la de las tortitas mexicanas), q cucharada de sal

Preparación: En primer lugar ponemos el agua con la sal a hervir en una olla amplia. Cuando comience a ebullir, bajamos el fuego y añadimos poco a poco la harina deshaciendo los grumos con una cuchara de madera. Sin dejar de remover siempre en el mismo sentido, continuamos cocinando a fiego lento hasta que la polenta quede muy espesa. De vez en cuando podemos añadir un poco de agua para hacerla más ligera al removerla. Es cansado, pero los 40-60 minutos de cocción lenta de la polenta merecen la pena. Cuando esté lista, la retiramos a una fuente amplia y la dejamos enfriar para que acabe de cuajar. Ya entonces podemos partirla en porciones y emplearla como queramos.

Imagen: Mccormick, Plazanima

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