Rosquetes de Semana Santa de mi tierra


Esta receta de rosquetes de Semana Santa tiene tantos años como las marismas que rodean a la Bahía gaditana de donde proviene. Antaño, las abuelas y madres de mi tierra hacían la masa en barreños en las cocinas y en los patios, amasando mientras se contaban alegrías, penas, o chismes de la Malena o la Salvaora. Daban forma a roscos y, a falta de un horno en casa, los llevaban a cocer al obrador del dulces del barrio o a la panadería, donde metían en un rincón las bateas de roscos a cambio de una pequeña cantidad pecuniaria, previamente acordada con el panadero en cuestión. Hoy día, la tradición de ir a los hornos casi ha desaparecido, pero el espíritu se mantiene en las casas por suerte. Sintiéndolo o alegrándome mucho, es una de esas míticas recetas que presume de contener aquella medida de harina tan popular: “la que admita” (dígase con el bello acento de las gentes mi Andalucía, si no no es lo mismo). ¿Conoces otras recetas donde necesitemos harina “la que admita”?
Ingredientes: 16 Cucharadas de aceite, 14 cucharadas de leche entera, 14 cucharadas de azúcar, 1 huevo, harina (la que admita), la raspadura de un limón, 2 cucharaditas de matalahúga, 1 cucharadita canela molida, aceite de oliva.

Preparación: precalentamos el horno a 180ºC-200º C. En una olla amplia se fríe en el aceite la matalahúga (echándola en el aceite caliente y apartándola para que no se queme). Se echa en un mortero y se machaca.

A este mismo aceite que hemos dejado templar, incorporamos la leche, el azúcar, el huevo (semibatido), la canela molida, la matalahúga y la harina que admita hasta que tome la consistencia para poder hacer los roscos. Es decir, vamos echando harina poco a poco y amasando, hasta que podamos formar una bola de masa que se despegue de las paredes y la podamos sacar de la olla para trabajarla en la encimera (para sacarla, ayuda aceitarse un poco las manos).

Enharinamos la superficie de trabajo ligeramente y amasamos un poco. Hay quien la deja reposar una media hora, tapada, pero como no lleva levadura y no tiene que levar la masa, no hace falta. Cogemos bolitas de masa y, con las dos manos, las estirámos y hacemos un cilindro que plegamos para darle forma rendonda. En el punto de unión d elos dos extremos, ejercemos una leve presión para que no se abaran. Los vamos transfiriendo a la bandeja de horno forrada de papel vetal o lámina de silicona y los horneamos durante unos 17-20 minutos, hasta que estén dorados. Los dejamos enfriar sobre rejilla y listo. Son ideales para migar en un buen vaso de leche fresquita o el café.

Esta es la receta básica, pero los hay de nata, de miel (como los de la imagen), pintados con huevo, con forma redonda, de trenza…
Imagen: lacocinadelinfante

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2 comentarios

  1.   Cristina dijo

    hola,este tipo de rosco tambien se hace en el pueblo de Paradas,en Sevilla.Un saludo

    1.    Vicente dijo

      Si es lo que digo, la repostería une… ¡Gracias por leernos y saludos a Paradas!

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