Verduras de invierno (V): La col

La col o el repollo, de la familia de las crucíferas, la misma que la coliflor, es originario de las zonas costeras del centro y sur de Europa. A lo largo de la historia fue consumido por las diversas civilizaciones pero fue a finales del siglo XVIII cuando comenzaron a cultivarse en España, aunque se consideraba alimento de campesinos.

Las variedades más frecuentes que hay en el mercado son tres. La berza o el repollo liso, que es de hoja suave y satinada, es la variedad más común y representativa del grupo. Sus hojas externas son de color verde claro mientras que las del interior son blancas. Su sabor es fuerte y su consistencia bastante dura. La col blanca o de Milán tiene las hojas son arrugadas y rizadas, de color blanquecino, verde o algo azulado. Y por último la lombarda, que es un repollo redondo y de hojas lisas de color morado y sabor ligeramente dulce.

Los ejemplares de mayor calidad son los más duros, crujientes, compactos y pesados en relación con su tamaño. Debemos evitar comprar coles de troncho seco y leñoso y cuyas hojas estén marchitas. En cuanto a su conservación, los repollos frescos se mantienen en buenas condiciones, envueltos en una bolsa de plástico perforada en la nevera durante dos a tres semanas. Su aroma se intensifica con el tiempo, sobre todo si están cortados. La col se puede conservar a temperatura ambiente durante varios días en buenas condiciones y se pueden congelar una vez escaldada aunque una vez descongelados resultan menos crujientes que los frescos.

Respecto a su composición nutricional, presentan en su mayoría de agua, pero son muy nutritivas por su cantidad en vitaminas y minerales. Además de fibra, los repollos son ricos en potasio, calcio y magnesio.

A la hora de prepararlo lo podemos incluir en sopas, platos orientales, menestras, ensaladas o pasteles de verdura.

Vía: Consumer
Imagen: Telefónica, Amigossupervivientes

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